En “150 años de Fotografía en España” (Lunwerd Editores), Publio López Mondéjar, al analizar la obra de los fotógrafos españoles de la posguerra, señala que un grupo de forma espontánea, sin ningún tipo de academicismo ni artificialidad, mostraron a “las gentes de la época y la realidad de sus escenarios cotidiano” y agrega que:

Un caso singular es el de Manuel Ferrol, retratista de estudio y reportero, que en 1957 realizó un espléndido reportaje sobre la emigración con los únicos recursos de su intuición y su talento. Ferrol emplea un lenguaje conciso y directo, al servicio de un mensaje cargado de profundo patetismo: rostros desenfocados, composición heterodoxa, figuras fuera de foco, luces saturadas...
Todo un conjunto de “errores” y “carencias técnicas” que, no sólo mermaban la eficacia narrativa de las fotografías sino que incluso enfatizaban su dramatismo